Yo podré arrojar de mi lado
todo rastro de ti
todo recuerdo;
pero jamás-es imposible-
aquel pequeño cofre donde apenas caben
un gesto una sonrisa y una lágrima
II
Qué hacer con este amor,
qué con la sangre floreciendo en las manos
y el verano agobiante
engendrando
largas siestas inmóviles;
convirtiendo las palabras
en cenizas apenas susurradas
en apenas audibles
sombras atemorizadas.-
III
Recién después de alta la mañana
mi corazón pudo considerarse
adulto, pudo
dejar de corretear y permitió
que se sentara, resollante
su carnívora sed
a descansar la locura reciente.
Allí estás, miradora total, imán de bríos;
allí, agazapada, esperas, solicitas,
y los números se me van sin concierto;
se me escapan las horas.
Permaneces acaparando la mañana entera,
desatando ilusiones maniatadas, sueños.
Y luego, a la tarde, tu beso,
gota lenta que desborda siempre
me soltará cachorros al caer el día.
IV
Que no entendiste, no,
no has comprendido,
que un minuto con vos es un alivio
para el cansancio,
para el temor y la desesperanza.
Pero tal vez estés huyendo,
tal vez me estés dejando
sin alimento y sol,
sin el descanso
que tu beso y tu mano me entregaban.
V
Hoy amaneció sin Dios,
sin tal vez,
como si un sol negro
hubiera vencido en el cielo.
Más allá de la luz,
en el misterio
de esta maraña de contornos confusos
participando ingenuamente
en cada acto de mi vida llevo
el resplandor unánime
de tu imagen querida que sostiene
los pasos y los días.-
VI
Aniamor que llegas mojada,
decía ha un tiempo
cuando de una calle poblada de viento
y de agua llegaba
tu cara sonriendo.
Aniamor que llegas
de viento revuelta,
que vuelcas sonrisas de frío
que traes el agua que mi sed espera,
que pides el brazo de mi pobre abrigo...
VII
Amo a una mujer que ha nacido conmigo,
amo a una mujer con la que nazco permanentemente;
amo a esta mujer que sorprende mis ojos
por las mañanas o al caer el día.
Amo los ojos claros de esta mujer,
amo su boca roja y sus uñas cortas
amo su frente angosta y sus zapatos,
la limpia curva de su talle blanco,
sus rodillas,
sus pies que escapan de de la frazada a veces
en citas clandestinas con los míos
( Las mañanas más claras de octubre
no son tan hermosas como el cuerpo claro
de esta mujer que amo)
Amo lo que posee esta mujer
en su lugar más recóndito y no alcanzo;
son visiones inexcrutables, misterios,
oscuros callejones,
que a veces ella misma no comprende.
Vamos andando juntos por lloviznas,
por los veranos tórridos,
por cielos
que envidian a sus ojos y sus alas;
vamos quedando juntos en los charcos
o saltando muros;
vamos y sonreímos o lloramos
de una canción unánime
o un guiño.
He nacido con ella a mi costado,
es prenda y flor y fruto amargo de la vida;
ella es el gorrioncito en la ventana cuando yo me rezago
y aparece
golpeando su piquito en la poesía.
VIII
Para Ana;
en qué día?
Tal vez extensible...
Ya casi se me fue la tarde
y dime
en qué farol
qué nostalgia
qué distancia querida
quedan sin calco
la lluvia, el jarro, la ventana
y el inefable pedazo de la voz tuya
gimiéndome un adiós que no fue
que no fue
que ya no quiero
que sea jamás.
IX
Hoy yo no debiera
temerle ni a la cobra ni al número
ni al viento.
Hoy, saliendo al sol,
yo hubiera saldado mis deudas.
Lento como un velo
he volcado tu beso en mi alma.
Lento, compañera, como un hijo
saliendo con gritos desde tus entrañas.
X
Escapo de un oscuro pasillo
voy caminando lento por mis cosas,
por mis caminos viejos y olvidados,
por mi cuarto sombrío,
por mis libros ( mi Neruda,
mi Rulfo, mi Vallejo).
Se que no tengo
más protección que mi piel desnuda,
más que la timidez de mis acciones,
que mis errores,
mis aciertos vagos,
más que
tus ojos claros que me miran buenos
a veces cuando estamos en silencio.
XI
Rozando
un aire suave, frágil, evasivo,
una candela tímida o temblona,
una flor si de pétalos se trata;
la tenue rosadez amable
de un vértigo pequeño,
una muerte fugaz,
un sueño inabarcable;
en fin,
rozando un beso de tu boca estoy.
XII
Qué fue de tu palabra
o tu gesto tal vez
plañidero?
Pero atestiguo que lloramos
la posibilidad del enajenamiento...
XIII
Tuvimos humedades unánimes
y mutuas, tuvimos
lágrimas y besos repentinos;
y tanto daba uno que la otra:
tanto el dolor cuanto la risa,
la alegría fugaz
que la tristeza anidada.
Y era simple
era sencillamente eso,
sin más adjetivos,
la vida.
XIV
Si te sembré banderas te encargaste
de agitarlas
de destrabar visagras
en mi alma enmohecida.
Ahora las paredes están sucias
sin embargo
escribo igual tu nombre o tu figura.
No es fácil desaparecerte, no,
no es fácil.
Obstinada regresas y regresas.
XV
A veces en la mañana pálida
me levanto en silencio
y me quedo esperando
no se muy bien qué,
algo,
que si saliera a la calle vendría correteando
como el perro que tuve en la infancia...
XVI
Dejo la página libre
dejo el libro;
extraigo de la vida,
estrujo
la irresponsabilidad.
QUE HERMOSO QUE TE AMEN ASI...VII..SERA SIEMPRE TU AMOR HASTA EL FIN DE TUS DIAS.
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